Como prometí vía twitter paso a daros mi visión de la segunda edición del Congreso de Webmasters celebrado en Madrid del 21 al 23 de noviembre.
Como muchos sabéis, no pude asistir todos los días al congreso (tenía un compromiso con la organización del Concurso Barista Marcilla) así que mi presencia en el congreso se limitó al viernes por la tarde y al sábado por la tarde.
Empecemos por lo bueno del congreso, porque para hablar de los fallos ya tendremos tiempo: las ponencias. Todas las ponencias a las que tuve la ocasión de acudir fueron de un nivel excelente. Recuerdo especialmente la de Rodolfo Carpintier, que abrió el congreso con una reflexión sobre el pasado, Presente y futuro de Internet; la de Fernando Macià y Javier Gosende sobre posicionamiento en Google; la de Bernardo Hernández sobre cómo pensar en Geo; la de Eduardo Manchón sobre cómo generar una comunidad; la de Jorge Martín sobre seguridad WEB…
Al finalizar su exposición, los ponentes se trasladaban a otra sala donde se destinaba una hora al turno de preguntas y respuestas, y me consta que esta sección tuvo mucho éxito. ¿Que porqué no acudí? Porque también me interesaban las ponencias que se celebraban a la vez.
Y aquí llega uno de los, para mí, principales fallos de la organización. En lugar de realizar 22 ponencias en dos días y medio se podría haber presentado alguna menos y permitir que todos los asistentes pudiesen disfrutar del turno de preguntas sin, para ello, perderse una ponencia.
Otro de los fallos organizativos para mí es destinar una zona a una actividad para la que no reservas espacio temporal en el congreso. Hablo de la “zona de networking”, una zona para la que no había tiempo programado. Y una zona muy ocasional. Me explico: tal y como llegamos al congreso, la organización nos pidió un favor a tres congresistas (siempre que uso esta palabra de acuerdo me Eddie Murphy): ir a buscar unos sillones al sótano para llevarlos a la sala zona de networking. Pues bien, nosotros, de muy buena fe, nos ofrecemos para trasladar esos “sillones”. Gran sorpresa cuando se trataba de tres sofás de tres plazas y no sé cuántos sillones!!! Por cierto, gracias a Félix López de Xing que nos invitó a una cervecita por la tarde como agradecimiento, porque yo todavía no he recibido ningún agradecimiento de la organización (alguien sabe cuánto cobra un transportista por media hora de trabajo??, porque nosotros habíamos pagado 60 eurazos!!)
Pero el punto más flojo del congreso fue la infraestructura, no sólo de telecomunicación. Escuché a la organizadora decir en varias ocasiones que el edificio era vetusto. Joder!! (con perdón de la expresión, pero se me calienta la sangre) pues eres tú quien lo organiza… haber buscado otro!!! Y no me hagáis hablar del Wi-Fi porque es para poner el grito en el cielo (además, la organizadora se lo tomaba a broma): un congreso de webmasters, al que acuden más de 2000 personas y tu infraestructura Wi-Fi se basa en doce líneas ADSL con su router inalámbrico de estar por casa!!! Lo mejor, de nuevo, la explicación de la organización: Telefónica, que es patrocinador del congreso, es quien ha montado la red. Qué típico de mucha gente de este país: la responsabilidad es del otro. Y para rematarlo, la solución propuesta (una opción totalmente populista para levantar el aplauso de muchos de los asistentes) fue darnos un teléfono de Telefónica para que fuésemos los congresistas los que protestásemos. Venga va!!! Ya he subido unos sofás el primer día y ahora voy a tener que ser yo el que se queje de algo que corresponde a la organización?? Yo no pagué dinero a Telefónica, lo pagué a la organización. Y Telefónica no fue quien me prometió Wi-Fi gratuita en todas las dependencias del congreso, fue la organización.
En resumen: los ponentes magníficos, la organización (y menos al precio al que sale el congreso para los que vamos de fuera de Madrid) de lo más floja que he visto en un evento de este estilo (en mi época de estudiante correspondería a una nota de muy deficiente). No, señores, el año que viene no me esperen. Antes me gasto el dinero en un viaje a los Alpes, que me sale igual de caro y como mínimo no se toman mis quejas a risa.

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